El balance diario, semanal, mensual y anual de deportaciones de haitianos en condición migratoria irregular, convertido en la carta de presentación de la política migratoria del Gobierno del presidente Luis Abinader a través de la Dirección General de Migración, lejos de fortalecer la imagen de soberanía y autoridad del Estado, corre el riesgo de transformarse en un bumerán que erosione la credibilidad del país en el escenario internacional.
Cuando la política pública se comunica como espectáculo, la soberanía deja de ser fortaleza y pasa a convertirse en vulnerabilidad. Bajo esa lógica, la política migratoria y su estrategia comunicacional parecen diseñadas para presentar como principal, y casi único, logro la repatriación de personas en condición migratoria irregular. La exhibición rutinaria de balances puede generar aplausos internos, especialmente en un contexto donde se ha instalado un sentimiento antihaitiano alimentado desde la prédica política, pero simultáneamente proyecta hacia el exterior una imagen de insensibilidad frente a la crisis humanitaria que empuja a miles de personas a emigrar.








